Nunca mi piel fue mía,
ni las estrellas que contemplo,
mi amistad se quedó en conocimiento,
así labré el destino,
dando palos de ciego,
entre niebla, entre polvo.
Apenas me conozco,
ni he separado el trigo y la cizaña,
mellé mi honor pues no tamicé el riesgo,
cerré mi casa a cal y canto,
tapé la luz del sol,
puse cercas al campo,
encerré en un odre el océano.
Ahora rezo por dar fruto,
por encontrar, por encontrarme,
por quererte, por abrirte mis ojos y mis manos,
para que las campanas celestiales
repiquen nuevas nupcias,
toquen a nuevo nacimiento.