¡Cuánta intensidad en tu mirada!
¡Cuánto sentimiento amordazado!
¡Cuánta indecisión en la respuesta
cuando te pregunté por el porqué!
Y con un entrecortado aliento
y con un suspiro imperceptible
no me dijiste nada.
Hubo emoción y afecto... ¿amor?
Pero dentro de mí
permaneció la duda
fundida y confundida.