Uno de mis mayores deseos ha
sido siempre dedicar a Miguel Labordeta (1921-1969) algunos
de mis humildes poemas (estos pertenecen a mis
veintipocos años). Este poeta aragonés, contemporáneo
de Carlos Edmundo de Ory (fundador del Postismo),
fue uno de los precursores de la poesía española
de la segunda mitad del siglo XX.
Cultivó, en solitario, una poesía
rebelde desde su primera obra ("Violento idílico", 1949) hasta su última
antología ("Memorándum", 1960). Su entronque con el surrealismo es obvio. Yo me atrevería a
decir que el
surrealismo es la corriente de vanguardia que más ha influido en el arte
contemporáneo en general. «El surrea-
lismo no ha muerto», afirmaba Bretón en el 60; y tenía razón, porque sigue
siendo una de las revoluciones más
importantes del
lenguaje poético y artístico.
Pocos poetas como
Miguel Labordeta supieron penetrar en los abismos del ser humano y lo expresaron con
la libertad, originalidad y renovación estilística parecida. Todo ello
hace de él uno de los grandes poetas de nuestra lengua
castellana.
Los poemas que a
continuaci6n figuran están inspirados en su lectura. Muchos de los recursos que
aparecen
son suyos (yo lo imito malamente). Espero que, por lo menos, sirva a alguien
de acicate para leer su personal y
originalísima obra.
AUTODESCRIPTIO
Veintitantas campiñas malgastadas,
orgullo congénito,
nimiedad y silencio,
amor de vieja entraña,
sueños recién matados.
Ya no me resta sino ser el mar
del cielo en los ocasos y en la luna,
en los ríos con espuma difunta.
Catástrofe de tímpanos cubiertos
de locuras plisadas,
cromosomas de potros encendidos
en ocaso. Laberinto de pasión,
río brutal, tormenta encabritada
en el discreto ardor
y distante encanto del populacho.
Incontrolable instinto
de semas refrenados
y descomunal des-in-te-gra-ci6n.
Apócrifo retén de mercromina,
sangriento arpegio de cristales sordos,
estambre del aullido
de lobos enlutados,
éxtasis fatal de cielo encendido
en las mil macilentas
e inquietantes entrañas.