El tiempo va
pasando
por mi
página en blanco.
A veces diez
minutos
bastan para
un poema,
otras apenas
un segundo
se convierte
en semanas
para
escribir seis letras.
El tiempo no
se doma,
sigue su propio
arbitrio
y no soy más
que esclavo
de su propio
capricho.
Hoy, por
ejemplo, he estado
tres horas
intentando
hablar sobre
la ausencia
y ni
siquiera un verso
ha manchado
la hoja.
Pero si tú
apareces
-inspiración
prestada-
se encadenan
palabras
como hilera
de hormigas
y surge algo
inaudito,
nace un ser
de la nada
y se duerme
tranquilo
sobre la
blanca sábana
de mi ilustrada
página.